Historia clínica y video
Qué pasó, cuánto duró, qué estaba haciendo antes y cómo quedó después. Con el video del episodio, el diagnóstico avanza más que con cualquier estudio.
Una convulsión asusta como pocas cosas. Pero el dato que cambia el pronóstico no es lo aparatosa que fue: es qué tipo de crisis fue. Eso es lo que define el tratamiento, y es justo lo que se determina en la valoración.
La respuesta corta es que la gran mayoría de las crisis breves no dejan daño cerebral. Un niño puede tener una convulsión de dos minutos, quedar somnoliento un rato y volver a ser exactamente el mismo niño.
Lo que sí importa son otras tres cosas: que una crisis prolongada se atienda pronto, que se identifique por qué ocurrió y que se sepa qué tipo de crisis fue. Dos crisis que se ven igual pueden necesitar tratamientos distintos, y una que casi no se nota puede requerir más atención que la que asustó a toda la familia.
Una convulsión aislada no es lo mismo que epilepsia. La epilepsia implica tendencia a que las crisis se repitan sin un desencadenante agudo, y ese diagnóstico no se hace con un solo episodio.
Muchas pasan años sin diagnóstico porque nadie las reconoce como crisis. Estas son las formas en las que se presentan en la infancia.
El niño se queda unos segundos con la mirada fija y no responde; después continúa como si nada. No hay caída ni sacudidas. Se confunden con distracción o falta de atención en la escuela, y pueden repetirse decenas de veces al día.
La que todo el mundo reconoce como convulsión: rigidez, sacudidas de brazos y piernas, pérdida del conocimiento y somnolencia después. Es la más aparatosa, no necesariamente la más grave.
Empieza en una zona del cerebro y se ve limitada: movimientos de un solo brazo, desviación de la mirada, chupeteo, gestos repetidos o miedo súbito. El niño puede permanecer consciente.
Movimientos bruscos de brazos en los primeros minutos tras despertar, que hacen soltar lo que se tiene en la mano. Se normalizan como torpeza durante años antes de que alguien las estudie.
Aparece con fiebre en niños pequeños. En su forma típica no deja secuelas y se supera con la edad, pero conviene confirmar que se trata de eso y no de otra causa.
Los desmayos, los espasmos del sollozo y los terrores nocturnos se parecen y no son epilepsia. Distinguirlos evita años de tratamiento innecesario, y es una de las razones por las que la valoración importa.
Se parecen lo suficiente para confundirse y son cosas distintas. La columna que importa es la última.
| Convulsión febril | Crisis de ausencia | Epilepsia | Desmayo | |
|---|---|---|---|---|
| Qué la desencadena | Fiebre | Nada aparente | Nada aparente | Calor, dolor, estar de pie mucho tiempo |
| Cuánto dura | Menos de 15 minutos | 5 a 20 segundos | Segundos a minutos | Segundos |
| Cómo se ve | Rigidez y sacudidas | Mirada fija, sin caída | Depende del tipo | Palidez, sudor y caída lenta |
| Cómo queda después | Somnoliento | Sigue como si nada | Suele quedar confundido | Se recupera de inmediato |
| Se repite | A veces, con fiebre | Muchas veces al día | Sí, es la definición | Según la causa |
| Requiere tratamiento | Habitualmente no | Sí | Sí | Tratar la causa |
Esta tabla orienta, no diagnostica. Hay crisis que no encajan limpiamente en ninguna columna y es precisamente entonces cuando la exploración y el electroencefalograma deciden.
Guárdalo o imprímelo. En el momento no se piensa con claridad, y estos cinco pasos son todo lo que hay que hacer.
Mira el reloj en cuanto empiece. La duración es el dato que decide si hay que ir a urgencias y el que el médico va a preguntar primero. Cinco minutos parecen eternos: sin reloj, todos los sobreestimamos.
De costado, para que la saliva no se vaya a la vía respiratoria. Retira lo que haya alrededor y pon algo suave bajo su cabeza. No lo sujetes ni intentes detener los movimientos.
No metas los dedos, ni una cuchara, ni agua, ni medicamento. No se puede tragar la lengua durante una crisis, y forzar la boca sí provoca lesiones.
Si hay otro adulto, que grabe. Un video de veinte segundos vale más que cualquier descripción para saber qué tipo de crisis fue, y el tipo de crisis define el tratamiento.
Es normal que quede somnoliento y confundido un rato. Quédate con él, deja que descanse y anota la hora, la duración y qué estaba haciendo antes.
Llama a emergencias o acude a un servicio de urgencias si la crisis pasa de cinco minutos, si se repite sin que el niño recupere la conciencia entre una y otra, si tiene dificultad para respirar o los labios azulados, si se golpeó la cabeza, o si es la primera convulsión de su vida. Esta página no sustituye la atención de urgencia.
Ningún estudio se pide de rutina. La secuencia empieza por lo que cuenta la familia y avanza solo hasta donde el caso lo justifica.
Qué pasó, cuánto duró, qué estaba haciendo antes y cómo quedó después. Con el video del episodio, el diagnóstico avanza más que con cualquier estudio.
Registra la actividad eléctrica del cerebro y ayuda a definir el tipo de crisis. Es indoloro: solo electrodos sobre el cuero cabelludo.
Busca una causa estructural: una malformación, una lesión, un quiste o una hidrocefalia detrás de las crisis.
Descarta causas metabólicas y sirve de referencia antes de iniciar tratamiento y durante el seguimiento.
No hay un tratamiento único para las convulsiones infantiles: el fármaco que controla una crisis de ausencia no es el mismo que se usa en una crisis focal, y elegir mal puede incluso empeorar algunos tipos. Por eso el diagnóstico preciso va antes que la receta.
La dosis se ajusta al peso y la edad, y se revisa conforme el niño crece. El objetivo es el mismo en todos los casos: cero crisis con la menor dosis posible y sin efectos que interfieran con la escuela.
Cuando las crisis persisten a pesar del tratamiento bien llevado, el siguiente paso es replantear el diagnóstico y buscar una causa estructural: una malformación, un quiste, una lesión o una hidrocefalia detrás de la epilepsia.
Ahí es donde importa que la Dra. Ariatne Mar Álvarez sea neuróloga y neurocirujana: la valoración de esa causa —y su corrección quirúrgica cuando procede— no exige mandar a la familia a empezar de nuevo con otro especialista.
Los casos que requieren cirugía de epilepsia propiamente dicha se valoran y se canalizan a un centro especializado en ese procedimiento.
En algunos casos sí, y esa es una de las mejores noticias de la neurología pediátrica: existen formas propias de la infancia que remiten al llegar a la adolescencia y permiten retirar el tratamiento.Otras requieren manejo prolongado. La única manera de saber en cuál está tu hijo es identificar el tipo de epilepsia, no esperar a ver qué pasa.
Las crisis no tratadas interfieren con el aprendizaje y el sueño, y las de ausencia suelen confundirse con distracción durante años. Un diagnóstico temprano no solo controla las crisis: evita que el niño arrastre una etiqueta escolar que nunca le correspondió.
La opinión de los pacientes ayuda a otras personas a decidir. Si ya te atendió la Dra. Ariatne Mar, puedes dejar tu reseña en Google.
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Neuróloga y Neurocirujana · Querétaro
Médico Cirujano con especialidad en Neurología y Neurocirugía, con enfoque en padecimientos de cabeza y columna. Atiende niños desde 1 año de edad en el Hospital Star Médica y en el Hospital Moscati de Juriquilla, con valoración integral para diagnóstico y tratamiento especializado.
La gran mayoría de las crisis breves no dejan daño cerebral. Lo que sí importa es que una crisis prolongada —más de cinco minutos— se atienda de inmediato, y que se estudie la causa para evitar que se repita. Por eso la primera convulsión siempre merece valoración, aunque el niño se vea perfectamente bien después.
No necesariamente. La epilepsia se diagnostica cuando hay tendencia a que las crisis se repitan sin un desencadenante agudo. Una convulsión aislada por fiebre, por ejemplo, no es epilepsia. La diferencia se establece con la historia clínica, la exploración y, cuando corresponde, el electroencefalograma.
Son crisis en las que el niño se queda unos segundos con la mirada fija, no responde y luego continúa como si nada. No hay caída ni movimientos bruscos, así que con frecuencia se confunden con distracción o falta de atención en la escuela. Pueden repetirse muchas veces al día y sí requieren tratamiento.
En su forma típica no dejan secuelas y la mayoría de los niños las supera con la edad. Aun así conviene valorarlas para confirmar que se trata de una convulsión febril simple y descartar otras causas, sobre todo si duró mucho, si afectó solo un lado del cuerpo o si se repitió el mismo día.
Coloca al niño de lado en el piso, retira objetos cercanos, pon algo suave bajo su cabeza y toma el tiempo. No introduzcas nada en su boca ni intentes detener los movimientos. Si puedes, graba un video: es la información más útil para el diagnóstico. Si la crisis pasa de cinco minutos, es urgencia.
El electroencefalograma registra la actividad eléctrica del cerebro y ayuda a confirmar el tipo de crisis, que es lo que define el tratamiento. Es un estudio indoloro: se colocan electrodos sobre el cuero cabelludo. No siempre es necesario, y su resultado se interpreta siempre junto con la historia clínica.
Depende del tipo. Existen formas propias de la infancia que remiten al llegar a la adolescencia, y otras que requieren tratamiento prolongado. Identificar de qué tipo se trata es justo el objetivo de la valoración, porque cambia por completo el pronóstico y la duración del tratamiento.
Desde 1 año de edad en adelante, en el Hospital Star Médica y en el Hospital Moscati de Juriquilla. Si tu hijo tiene menos de 12 meses, escríbenos por WhatsApp y con gusto te orientamos sobre a qué especialista acudir.
No hay que esperar a la siguiente para estudiarla. Agenda la valoración con la Dra. Ariatne Mar Álvarez y lleva el video si lo tienes: es el mejor punto de partida.
Niños desde 1 año · Star Médica y Hospital Moscati · Lun–Vie 9:00–19:00 · Sáb 9:00–14:00